8–12 minutos

Jacobo Estuardo

bajo las sombras de las brujas

Poder, miedo
e injusticia


Fernando Montoya

Dos experiencias dejaron una sensación de profunda ansiedad en la mente de Jacobo Estuardo (1566-1625): la ejecución de su madre, María, en 1587 (cuando él tenía 21 años de edad), así como el naufragio de la embarcación que lo transportaba junto a su esposa, Ana de Dinamarca, hermana del rey danés Christian IV, en 1582. Sobre este último episodio1 sucedió que, durante su regreso a Escocia, el rey y su prometida padecieron una fuerte tormenta, forzándolos a refugiarse en Noruega durante varias semanas.

La leyenda cuenta que el almirante de la flota danesa, Peder Munk, tuvo la ocurrencia de atribuir la infortunada tormenta a la esposa de un alto funcionario de Copenhague quien, junto con varias mujeres y bajo tortura, confesaron que fueron quienes invocaron demonios a la quilla del barco real. El resultado: fueron llevadas a juicio por brujería y quemadas en el Castillo de Kronborg2,  fortaleza danesa que, por cierto, se encuentra situada en Elsinor, lugar en el que se desarrolla la historia de Hamlet.

Jacobo, como espectador de lo que acontecía, quedó tan fascinado que decidió establecer su propio tribunal en Escocia. Este fue el inicio de un largo y penoso episodio en la historia escocesa e inglesa.

En aquellos lares, como en casi toda Europa, era muy común la creencia de que las brujas cometían hechizos que involucraban fenómenos meteorológicos. De acuerdo con estas leyendas, existen diferentes métodos sobrenaturales para crear, por ejemplo, una tormenta: a través del chapoteo en un pozo, los cantos de las brujas y golpeteos en el piso con sus bastones; por los nubarrones negros de las hogueras, o bien, por hierbas quemadas en fogatas. Una vez hechas las nubes, las hechiceras podrían dirigirlas a su voluntad, ordenando a los demonios la creación de tormentas en lugares específicos3.

Grabado de brujas conjurando lluvia. En Ulrich Molitor, De Lamiis et Pythonicis Mulieribus (Sobre mujeres hechiceras y adivinas) (1489).

Gracias a estas descripciones, el rey Jacobo justificaba su defensa hacia los embrujos. Incluso, en este ambiente enrarecido, William Shakespeare se inspiró para escribir, en 1603, el pasaje de tres hechiceras-profetisas (“hermanas fatídicas” o weird sisters) que saludaran a Macbeth y predijeran su ascenso al trono escocés.

Lo cierto es que Jacobo fue uno de los tantos hombres del siglo XVII que creía que el diablo actuaba en el mundo y que podría manipularlo a su antojo por terceras personas. Hoy por hoy, sabemos que la brujería, los juicios (si es que había) y su caza consecuente, fueron solo abusos de poder generados por personas moralinas que se valieron de la ignorancia de otros. Eso mismo hizo Jacobo en el uso de sus poderes facultativos como rey, esto es, con la “gracia y permiso de Dios”.

Kristina Larner fue una de las primeras voces en argumentar que había una conexión entre el viaje de Jacobo a Dinamarca y la introducción de creencias demonológicas en Escocia; sin embargo, P. G. Maxwell-Stuart y Jenny Wormald no concuerdan con ello, pues señalan la existencia de supuestos pactos demoniacos4 que ocurrieron previo al viaje real. Un ejemplo de ello fue la aprobación en 1563 de la Ley de Brujería en el Parlamento escocés, bajo la presión de la iglesia presbiteriana (mas no anglicana). Esto implicó la legalización de la caza, tortura y ejecución a personas que hubieran sido consideradas como brujas y que fue vigente hasta 1736. Es más, Willumsen sostiene que el propio Jacobo estuvo expuesto a nuevas ideas en Dinamarca, pues aprendió sobre brujería, aquelarres y la creación de tormentas.
La obra Daemonologie, escrita por el propio Jacobo y publicada en 1597, incluía un panfleto noticioso titulado Newes from Scotland, el cual detallaba los juicios de brujas de North Berwick5 de 1590. En este documento se afirma que las brujas involucradas confesaron usar la hechicería para provocar una tempestad y así sabotear el barco en el que viajaba el rey. Los juicios fueron los primeros procesos judiciales en Saint Andrew’s Auld Kirk, en el año 1590, en Escocia, cuando diversas mujeres fueron acusadas de brujería. Tuvieron una duración de dos años y más de setenta personas estuvieron implicadas, incluyendo a Francis Stewart, conde de Bothwell6, sobrino del rey, en cargos de alta traición. Uno de los interrogatorios a destacar de las personas acusadas de haber cometido perjurio en contra del rey por haber enviado una andanada de demonios invisibles al cielo para provocar una tormenta, fue el de Agnes Sampson. Según la leyenda7, Agnes se acercó al oído de Jacobo y le ofreció detalles de la noche de bodas con Ana de Dinamarca que, evidentemente, nadie más podía saber. Ese momento catapultó aún más la obsesión de Jacobo por la brujería. Desde luego que su crianza y niñez tuvo un efecto significativo en sus creencias, más aún por haber vivido el asesinato de su madre por órdenes de una pariente cercana (la prima Isabel Tudor).

En fechas recientes y con el ánimo del rescate a la memoria histórica, la Universidad de Edimburgo creó un mapa interactivo8 y una base de datos9 en los que pueden consultarse nombres y ubicación de más de 3,000 personas que fueron perseguidas y ejecutadas entre los siglos XVI y XVIII. Estas páginas son ilustrativas, pues ofrecen, además, detalles de los procesos judiciales (causas de detención o identidad de los verdugos). Vaya, toda una plataforma de rendición de cuentas de una etapa histórica que bien podría asemejarse a un genocidio. En esas plataformas se narran historias como la de Janet Stewart, acusada como bruja por una corte en Edimburgo. De acuerdo con las notas del juicio, se le señaló como integrante de un grupo de curanderas muy populares, “mojaba camisas, guirnaldas y las enviaba al fuego como medios para apaciguar algún mal”. Estos detalles fueron suficientes razones para que la corte la juzgara y, posteriormente, la enviara a la hoguera en 1597. El tribunal estuvo conformado por fiscales, abogados defensores, cazadores de brujas y testigos, quienes fueron los encargados de determinar la culpabilidad. Ésta es tan solo una de las más de tres mil historias que se documentan en esta base de datos; historias infames producto de la psicosis exacerbada de un gobernante llamado Jacobo.

“Witches apprehended”, folleto de 1613 que muestra brujas detenidas, examinadas y ejecutadas siendo sumergidas en un río. Fuente: Wellcome Images, Reino Unido.

 

Si bien la superstición no fue un invento del hijo de María Estuardo, sí fue el responsable de la primera gran caza de brujas (hubo cuatro entre 1590 y 1727) y de haber fomentado el rechazo y la difamación de personas cuyo único delito fue ofrecer amuletos para encontrar el amor. 

Eran tiempos en los que la gente creía que el demonio vivía en el mundo y las desgracias del día a día eran producto de esa voluntad maliciosa (hechizos, magia, sortilegios), por lo que debía erradicarse a cualquier costa. Por ello, no era de extrañarse que la Demonología (estudio de la estructura jerárquica de los demonios, sus evocaciones y características) haya sido una rara especie de estudio, lectura y discusión entre hombres y mujeres de aquellos siglos y con la validez de la Iglesia católica. Una de las obras más analizadas fue la publicada por el dominico inquisidor Heinrich Kramer en 1497: Malleus Maleficarum, guía ociosa para combatir al demonio y cazar a las brujas, y cuya inspiración le valió a Jacobo para escribir su Daemonologie en 159710. Esta obra está escrita en diálogo clásico (al estilo los Diálogos de Platón), en el que dos personajes, Philomathes y Epistemon, cuestionan y responden sobre la cuestión de brujas:

Otra arma empleada por Jacobo para reforzar este acoso al pueblo inglés fue la misma Biblia. El propio monarca solicitó realizar la primera versión en inglés de una traducción del griego. La Biblia inglesa fue editada en 1611 y tuvo el nombre de la Biblia del Rey Jacobo (King James Bible). En esta traducción, el rey se apoyó en evidenciar la interpretación que se tenía (o se tiene) sobre las mujeres bíblicas, en especial el pasaje de Eva y el pecado original.

Al margen de las motivaciones están los números:

En el Formicarius (en latín, hormiguero) de Johannes Nider, famoso teólogo del siglo XV, cuya obra está dedicada a la brujería y el satanismo, se registra que en Alemania fueron 47 hombres perseguidos frente a 13 mujeres. Visión contraria a aquella que suponía que la mujer era más propensa a la hechicería.

En Demonomanie des sorciers, de James Bodin (humanista renacentista), escrita en 1580, se afirma que en Francia fueron 820 varones frente a 399 mujeres.

En Flagellum Haereticorum, de Nicholas Jarquier, escrito en 1581, se manifiesta que fueron 40 hombres frente a 3 mujeres.

El Malleas Maleficarum, mencionado con anterioridad y posterior a estos tres últimos libros, registra el ajusticiamiento a la inversa: 453 mujeres frente a 197 hombres, y es el modelo que adopta Jacobo argumentando la maldad congénita de las mujeres a través de sus obras y sus normas reales en todo territorio inglés. Los castigos impuestos iban desde la privación del sueño durante tres a cinco días, atarlas a postes a la intemperie, colocarlas en cepos durante horas (método de tortura muy usual desde la Edad Media y que consistía en colocar la cabeza y los brazos en un artefacto de madera y a un mismo nivel), el uso de punzones sobre el cuerpo hasta encontrar “marcas del Diablo”, perforaciones de pezones, entre otras.

Marion Inglis, primera víctima en Escocia y cuya historia se relata en las investigaciones hechas por la Universidad de Edimburgo, fue acusada de “maléfica y endemoniada” y por “haber causado enfermedades y muertes”. Todo por una disputa vecinal en 1649. El tribunal la acusó de bruja y solicitó, a base de tortura, buscar en su cuerpo la marca del diablo, pero ella no confesó culpabilidad alguna. Su juez, John Kinkaid, fue acusado años más tarde, en 1662, por haber cometido fraude, y fue encarcelado. En su interrogatorio confesó haber mentido sobre las pruebas empleadas para identificar brujas.

Grabado en Daemonologie, libro del rey Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra, que muestra un grupo de mujeres acusadas de brujería arrodilladas frente a él.

En términos generales, podemos afirmar que la caza de brujas fueron actos opresivos, injustos, pero hay que entender el contexto antes de condenarlos. Siglos pasaron para que académicos de Edimburgo hayan podido ponerles cara, nombres y localización a las víctimas, jueces y verdugos.

En marzo de 2020, Claire Mitchel (abogada) y Zoe Venditozzi (escritora) impulsaron el programa Witches of Scotland, en el marco del Día Internacional de la Mujer, y que consistió en la celebración del perdón público, el reconocimiento de la inocencia y un monumento nacional por aquellas mujeres masacradas durante siglos en Escocia e Inglaterra. En el siglo XVII, las mujeres no marchaban sobre Tower Hill en dirección a la Torre de Londres, o bien, sobre Kings Stable Road para llegar al Castillo de Edimburgo, para exigir justicia al rey. No hubo monumentos o cementerios para rendir tributo a muertas y a muertos acusados por las supersticiones de la gente. Solo silencio, dolor y obediencia a un monarca que se decía perseguido por las sombras de sus propios miedos.

  1.  Narrado en Willumsen, Live Helene (2020), Witchcraft against Royal Danish Ships in 1589 and the Transnational Transfer of Ideas, The International Review of Scottish Studies: https://www.irss.uoguelph.ca/index.php/irss/article/view/5801  ↩︎
  2.  Fortaleza danesa que, por cierto, es famosa pues se encuentra situada en Elsinor, lugar en el que acontece Hamlet, de Shakespeare. ↩︎
  3.  Para mayor información, se recomienda la lectura de El libro de las brujas: Casos de brujería en Inglaterra y en las colonias norteamericanas (1582-1813), editado por Alba Clásica, en 2016. ↩︎
  4.  Christina Larner (1984), “James VI and I and Witchcraft,” en Witchcraft and Religion: The Politics of Popular Belief (Oxford, 1984), 3–22; P. G. Maxwell-Stuart (1997), “‘The fear of the King is death’: James VI and the witches of East Lothian,” en Fear in Early Modern Society, eds. W. G. Naphy y P. Roberts (Manchester, 1997); Jenny Wormald (2000), “The Witches, the Devil and the King,” en Freedom and Authority, eds. T. Brotherstone y D. Ditchburn (East Linton, 2000), 165–180. ↩︎
  5.  North Berwick es una localidad ubicada al este de Escocia, sobre la costa sur del río Forth y al este de Edimburgo. ↩︎
  6.  Bothwell es un nombre emblemático en la historia inglesa: James Hepburn IV Conde, fue el tercer marido de María Estuardo y, en siglos posteriores, volvería a resurgir a través de Edda Kathleen Van Heemstra Hepburn-Ruston, mejor conocida como Audrey Hepburn. ↩︎
  7.  Martins, Paula Juicios de brujas: de la prisión a la tortura y a la hoguera en vida”, Bamba Editorial, 30 de marzo 2022: https://bambaeditorial.com/quema-de-brujas/#:~:text=Agnes%20Sampson&text=Es%20uno%20de%20los%2070,para%20sanar%20a%20sus%20pacientes. ↩︎
  8.  Para consultar el mapa: https://witches.is.ed.ac.uk/#close ↩︎
  9.  Para consultar la base de datos: https://witches.hca.ed.ac.uk/ ↩︎
  10.  Por aquella época existieron voces que se oponían a la persecución de brujas. En el año 1584, la obra The Discover of Witchcraft  de Reginald Scot acusaba de irracional y anticristiana la acusación de hechicería y responsabilizaba a la iglesia de fomentarlo. Su misión fue truncada en 1603, debido a que Jacobo mandó quemar los libros de Scot. ↩︎
  11.  Demonology of King James I, Original Edition 1597, edited by Tarl Warwick.
    ↩︎

fernando Montoya

Doctor en Ciencias Sociales por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Deusto, Bilbao, España, y maestro en Filosofía Política por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus escritos han sido publicados en el Instituto de Investigaciones Sociales y en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM; Instituto Matías Romero; en el ITAM; en la Universidad Iberoamericana, en Foreign Affairs, entre otros. Igualmente, en revistas de divulgación como Librerías Gandhi, Tierra Adentro y en Opera Mundi.

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