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¿Qué es el terror liminal?

El sentimiento de angustia y desasosiego se genera porque, en ese estado de transición, mantenemos cierto nivel de conciencia.

Una cabeza colosal, de mirada sin pupilas, se erige en el centro de una cámara tan grande como un hangar. El sonido del agua, aunque tranquilo, rebota en las paredes y sugiere un recinto cerrado. El techo es tan alto que se pierde entre un resplandor de luz artificial. Te encuentras de pie, al borde de un largo pasillo de azulejo blanco. Tus pies quedan sumergidos. El color del agua indica una profundidad insondable. No hay nadie más alrededor. La calma es tensa. En la superficie flota una pelota de playa que desentona con la solemnidad de la cabeza colosal. No sabes si en las profundidades habita una criatura ancestral, si estás en un sueño, si serás testigo de una revelación divina o si estás encerrado en ese sitio para siempre… 

The Backrooms – The Dark Water Nightmare (Vaporama Vision, 2025)

La angustia que generan aquellos ambientes donde todo aparentemente funciona pero hay algún elemento que distorsiona el orden natural, se ha dado en llamar terror liminal, y ha ido en tendencia en los últimos años, sobre todo en videojuegos, redes sociales y sitios de internet.

Concepto

Propiamente, el término liminal refiere a un “umbral o a la entrada” (RAE), y proviene del latín limen (umbral). Reconoce todo aquello que se encuentra en un punto intermedio o de transición. Por ejemplo, un estado entre el sueño y la vigilia, la adolescencia, un viaje por carretera, el túnel entre dos estaciones del metro, una estancia en el hospital, las salas de espera, pero también cualquier proceso de transformación, estar bajo los efectos de un hechizo o de una sustancia, un estado entre la vida y la muerte, etcétera.

El reto de catalogar una obra dentro del “terror liminal” es que, como podemos ver, el concepto es muy amplio y puede verse representado en muchos escenarios distintos. Pero podemos acotarlo en que el sentimiento de angustia y desasosiego se genera porque, en ese estado de transición, mantenemos cierto nivel de conciencia.

El resplandor (Dir. Stanley Kubrick, 1980)

Nuestro sentido de realidad, así como los parámetros culturales e incluso físicos con los que contamos para determinar que una situación es real, se mantienen activos durante las experiencias liminales, y eso es justamente lo que nos produce el desasosiego. Somos conscientes de que hay alguna inteligencia o un orden superior que controla el universo en el que nos encontramos y que estamos a su entera disposición, con un riesgo inminente y constante. 

Elementos

Respecto a la construcción de espacios liminales, tradicionalmente nos causan temor los sitios abandonados, oscuros, destruidos, con luces parpadeantes, agua sucia, ventanas rotas, etcétera. Pero, recientemente, distintas cuentas de artistas 3D en redes sociales como vaporama_vision, han recreado espacios liminales, también llamados “eerie spaces” (sobrenaturales o antinaturales), que se muestran con una estética completamente diferente: lugares iluminados, limpios, con colores vibrantes, mobiliario reluciente, azulejos claros, todo nuevo. vaporama_vision suele mostrar en sus creaciones una gran cantidad de agua en movimiento, y es ahí donde se manifiesta el umbral, el terror liminal, en el borde entre la zona segura de la plataforma y la profundidad insondable del agua. Asimismo, este artista suele emplear un temor más: la megalofobia. En medio del espacio liminal, o peor aún, debajo del agua, de pronto se nos muestra una estructura gigante, una cabeza humana de dimensiones colosales o algún otro elemento inconmensurable que delata nuestra insignificante presencia. Y entonces, el espacio liminal potencia su efecto.

Vaporama Vision

Cabe resaltar que el empleo de la megalofobia es también un elemento muy efectivo, pues  genera el sentimiento de lo sublime. Filósofos como Immanuel Kant o Edmund Burke lo definen como un sentimiento que inspira respeto y reverencia. Toda esa mezcla de poderes en una sola experiencia se vuelve un coctel de temor sin necesidad de recurrir a miedos tradicionales como la sangre, lo sobrenatural o la muerte.

Así como sucede con otros subgéneros del terror, los opuestos suelen provocar una sensación mucho más fuerte. Por tal motivo, en la creación de estos espacios liminales es recurrente el uso de elementos infantiles. Salas coloridas, juguetes, payasos, etcétera, de manera que un ambiente de lo más puro e inocente, provoca una zozobra todavía mayor que si fuera un sitio amenazador en sí mismo. 

Es importante mencionar también que la sensación de extrañeza en los espacios liminales es efectiva porque, aunado a lo anterior, se suelen representar espacios con una funcionalidad o que están diseñados para ofrecer un servicio; son sitios de nuestra vida cotidiana en los que sentimos confianza porque resuelven una necesidad. Al percatarnos de que tienen energía eléctrica y mobiliario funcional, pero que hay al menos un elemento que desentona (por ejemplo, una melodía repetitiva sin origen evidente) nos invade la incertidumbre. Un parque vacío con las luces encendidas es algo verosímil, pero un hospital, una estación de metro, un piso de oficinas o un parque de diversiones en horario público y sin gente, resulta extraño y nos transmite una sensación de desconcierto.

Otro de los elementos que potencia el terror en este tipo de sitios es la narrativa. Los creadores de estos espacios generan un recorrido (generalmente en video, con animación 3D o incluso con tomas en vivo en espacios deshabitados), y es el propio movimiento de cámara el que pone la cereza en el pastel provocando suspenso con momentos contemplativos, giros inesperados y una toma en primera persona que nos coloca como protagonistas del recorrido. 

Ejemplos

Cine

Recientemente, el terror liminal se ha visto representado en películas como Vivarium (dir. Lorcan Finnegan, 2019), donde una pareja es conducida por un agente inmobiliario a un desarrollo urbano con casas verdes idénticas, nuevas, relucientes y… vacías. El agente desaparece y los jóvenes conducen desesperados para buscar una salida, pero todas las calles son iguales y siempre terminan por llevarlos al mismo sitio: la casa 9. Sin saber cómo, aparecen elementos como una caja con comida y un niño al que tienen que criar. Esta criatura crece al tamaño equivalente de un niño de diez años en apenas 98 días. La película muestra analogías del sinsentido de la vida, del trabajo monótono, de la vida en pareja, de la maternidad y de la muerte. Una experiencia enloquecedora de la que queremos despertar y que, en gran medida, es aterradoramente cercana a la realidad.

Vivarium (Dir. Lorcan Finnegan, 2019)

Uno de los representantes más notorios en los últimos meses y que ha generado total expectativa con su proyecto es Kane Parsons, el creador del cortometraje The Backrooms (Found Footage) en YouTube, mismo que surgió de una creepypasta en 4chan donde se propuso a la comunidad compartir fotografías de lugares inquietantes o que se sintieran fuera de lugar. De ahí, comenzaron a surgir universos, teorías, propuestas y todo un universo respecto a estos “Backrooms” o sitios en los que se encontraba alguna falla con la realidad y que llevaban a otras dimensiones o a bucles infinitos. 

El cortometraje de Parsons logró tal notoriedad que la productora A24 lo reclutó como director de la versión fílmica de su propio proyecto. La idea se centra en una realidad paralela que el ser humano no puede comprender. No hay una explicación clara, pero hay indicios para catalogarlo como un asunto corporativo en el que la empresa Async estuvo experimentando con el espacio-tiempo para lograr espacios extendidos y almacenamiento infinito. 

The Backrooms (Kane Parsons)

Literatura

El terror liminal también se ha visto representado en libros. Uno de los ejemplos más comentados es el de La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski, donde la experiencia de terror atraviesa los límites de la propia lectura y desafía al lector con textos en espiral, columnas que no terminan, palabras que desaparecen, notas al pie que no remiten a un punto en particular… Respecto a la trama, nos cuenta la historia de una familia que llega a vivir a una casa y, de pronto, se dan cuenta de que es mucho más grande de lo que aparenta. Un día aparece una puerta que no estaba, que lleva a un pasillo interminable, y la casa comienza a cambiar para convertirse en un laberinto infinito y enloquecedor.

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski (2000)

En cuanto a literatura no podríamos dejar de aventurarnos a proponer la obra de Franz Kafka también como terror liminal, pues los procesos burocráticos sin fin y sin sentido que definen su obra son sin duda una clara representación de ese estado enloquecedor que sucede todos los días en la comedia humana.

Videojuegos

En el plano de los videojuegos, los ejemplos son vastos, pero podemos traer a colación un título cuyo objetivo no es propiamente causar miedo y, sin embargo, la experiencia de juego causa desasosiego y pone en duda a cada instante nuestra percepción de las formas, de la gravedad, la geometría, la luz y el espacio. Se trata de Superliminal, un juego en el que debes resolver acertijos de lógica para ir desbloqueando espacios con el uso de tu creatividad y cuestionando las leyes de la física como la conocemos. No hay jumpscares, no hay música, no hay personajes ni tiempo en contra. Eres tú, el espacio y tu mente.

Arte

No podíamos hablar de espacios liminales sin mencionar la obra del artista M. C. Escher, cuyas características escaleras interminables, juegos visuales y estructuras que desafían la concepción tradicional del espacio, vienen totalmente a colación, aunque su objetivo no haya sido causar temor. Mientras más contemplamos sus obras, más nos desconciertan y nos dejan en claro que el sinsentido está en nuestra mente y que basta prestar atención a los detalles para ver que la locura puede coexistir en armonía matemática y estética con el resto del mundo.

Relativity (M. C. Escher, 1953)

Ahora que la tecnología, el metaverso y la inteligencia artificial están más presentes en nuestra cotidianidad, es muy probable que estemos transitando hacia propuestas en donde el elemento terrorífico dejen de ser monstruos, asesinos o entes sobrenaturales y, en lugar de ello, nos atormente la duda de la realidad misma. El miedo de habitar un juego interminable y sin sentido del que no podemos escapar. Todos los días, damos por hecho que el sol saldrá; que al presionar un botón, la luz se encenderá; que al dar vuelta en el pasillo, encontraremos las mismas escaleras de siempre que nos llevarán a la calle, con el resto del mundo. Hasta que algo en la supuesta realidad se altera y estamos atrapados en un bucle enloquecedor. ¿O acaso el bucle enloquecedor no es otra cosa que nuestro día a día?

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