enrique metinides
Fotógrafo de nota roja
“Me tocó ver el odio, la maldad del ser humano, el instinto de la gente de matar nomás por matar”.
Enrique Metinides
Un cuerpo flota boca abajo en un canal de Xochimilco. Desde la orilla, un rescatista se sumerge atado a una cuerda de seguridad para aproximarse al cadáver. El agua refleja una hilera de curiosos que, al otro lado del canal y volteados de cabeza por el reflejo, contemplan inmóviles la escena. El fotógrafo los ha incluido en la composición como un personaje que no interviene —porque ya no hay una vida que salvar— sino que contempla la tragedia, la fragilidad humana, y paladea el sabor pastoso que provoca estar en presencia de la muerte. El fotógrafo se da prisa en presionar el obturador, pues las ondas en el agua producidas por el rescatista pronto desdibujarán la silueta de los mirones, como él los llama. La policía recuperará el cuerpo, los rumores inundarán las calles y el sistema judicial iniciará su tortuoso reptar. Pero el momento ha quedado inmortalizado desde la mirada y la sensibilidad de un hombre que contempla la tragedia para capturar la esencia humana: Enrique Metinides.

Nacido en Ciudad de México el 12 de febrero de 1934, Enrique Metinides ha sido reconocido como el reportero gráfico más joven de la prensa en México, pues el registro de su primera fotografía publicada sucedió cuando él tenía apenas once años de edad. De ahí que se le apodara “el Niño” por el resto de su carrera . Pero ¿cómo fue que a tan corta edad se hiciera de un espacio en la nota roja de los diarios de México? El mismo Enrique contó en entrevistas (Bernardo Loyola, Vice, 2011 y El hombre que vio demasiado, dir. Trisha Ziff, 2015) que su padre tenía una tienda de cámaras en avenida Juárez, en el Centro de la Ciudad de México. Fue él quien le regaló su primera cámara junto con una bolsa llena de rollos fotográficos.
Otro de los negocios que tuvo su padre fue el restaurante Olimpia, que estaba a media cuadra de la delegación policiaca n.° 7 del entonces Distrito Federal. En el restaurante solían comer el juez calificador y las autoridades. Entre la convivencia cotidiana, Enrique les enseñaba sus fotos y, como los policías conocían a sus papás, lo invitaron a la delegación a tomar fotos a los detenidos y a los cuerpos. Metinides tenía tan solo 9 años cuando tomó la primera fotografía de un cadáver: alguien a quien habían colocado en las vías para que el tren le cercenara la cabeza. Ya en la morgue, uno de los trabajadores mostraba el despojo sosteniéndolo por el cabello, y el niño fotografió la escena, tal como aparece en el documental El hombre que vio demasiado, de la directora Trisha Ziff (2015). Algo que trasciende toda ética por parte de las autoridades; ya no digamos las leyes, por supuesto.
El niño se enteraba de los accidentes automovilísticos a través del radio o de los mismos periódicos, y se iba en camión a la zona del desastre para fotografiarlos y coleccionarlos. Enrique no hacía sino jugar con su cámara. Cierto día que se encontraba justamente fotografiando uno de esos accidentes, el periodista Antonio Velázquez, del diario La Prensa, lo observó con interés y lo invitó a las oficinas para ver sus fotografías. Quedó impresionado con la calidad del material, “tienes buen ojo”, le dijo, y lo contrató. Ahí comenzó su carrera profesional. Antonio Velázquez le mostró el oficio y lo invitó a acompañarlo a hacer su trabajo. Visitaban las comisarías de policía, la morgue, las oficinas de prensa y, por supuesto, documentaban los accidentes y tragedias de una Ciudad de México que estaba viviendo la plena efervescencia de su modernización durante la primera mitad del siglo XX.

Además de la experiencia de ingresar a la comisaría de policía y viajar en los transportes de emergencia de la mano de un fotoperiodista profesional, desde niño Metinides era fanático de los filmes policiacos. Pasaba todo el tiempo posible en el cine Roxy, que era de su hermana y su cuñado, al cual podía entrar gratis. Contemplaba con atención el dramatismo, la estética y la intención artística en la pantalla grande. Luego, replicaba de manera empírica y con absoluta destreza los encuadres en sus propias fotografías. Cada que presenciaba un accidente automovilístico, Enrique lo fotografiaba asombrado y presumía el material con sus compañeros de la escuela.
Enrique no tuvo una formación profesional sino empírica. Fue la propia experiencia de vida, su responsabilidad, su organización, su ética y su inteligencia las que desarrollaron su técnica fotográfica y su astucia para colocarse en puntos estratégicos desde los cuales tomar la mejor fotografía.
Metinides no buscaba provocar morbo, hacer apología de la tragedia o lucrar con el dolor ajeno; por el contrario, mostraba respeto por la dignidad humana y, en lugar de retratar la sangre o los detalles explícitos de un accidente, prefería capturar a quienes llamó “los mirones”, aquellos curiosos que se reunían para enterarse de lo que había ocurrido y, en el instante de la fotografía, sus expresiones terminaban por robarse el protagonismo. Muchos espectadores, al percatarse de que estaban siendo retratados, miraban a la cámara sabiendo que saldrían en los periódicos. Algunos se compadecían con las víctimas y fruncían el ceño compungidos, pero miraban a la cámara. Otras veces, el gesto de dolor de los familiares o de las personas cercanas era tan estremecedor que no hacía falta enterarse de lo que había pasado para saber que el suceso había devastado por completo su vida.

En otras ocasiones, el accidente reunía tal multitud que llegaban vendedores de helados o golosinas para aprovechar la concurrencia, como si se tratara de un espectáculo de entretenimiento.

“He visto fuegos y explosiones y todo tipo de desastres, pero lo que siempre me fascinaba era la gente que venía a ver. Los metiches, mirones, curiosos, chismosos. Si me preguntan por qué miran, es porque sienten alivio de que son los testigos y agradecen que no son la víctima, o su curiosidad es simple fascinación por la muerte. Pienso que es mucho más simple que todas esas teorías” (Enrique Metinides).

Documentar sucesos para la nota roja implica, por supuesto, violencia, sangre y eventos traumáticos. La línea entre el morbo, la responsabilidad profesional, el involucramiento personal y el hecho de hacer público un suceso de profunda vulnerabilidad e intimidad de un ser humano, es muy delgada. La ética de Metinides siempre delimitó desde qué óptica contar la historia. Además, la sensibilidad estética que había perfeccionado al observar con ojo crítico tantas películas, dotaba a sus propias fotografías de una composición artística que es inevitable apreciar, a pesar de la tragedia.
El ejemplo más reconocido que da muestra del equilibrio entre la belleza estética y el horror de un evento letal es la fotografía de Adela Legarreta Rivas, quien transitaba por la calle Monterrey, en la colonia Roma de la Ciudad de México, cuando dos automóviles chocaron. El impacto fue tan fuerte que uno de ellos la arrolló y ocasionó su muerte. Metinides acudió para realizar el levantamiento de imagen, y capturó una composición impactante, desgarradora y también muy bella, pues la mujer se muestra con un gesto apacible, los ojos abiertos, recién arreglada —pues iba a la presentación de un libro, según aseguran— y con el brazo descansando relajado sobre el poste. Una imagen trágica y hermosa que ha dado la vuelta al mundo y ha sido incluso reproducida en pintura o en el cine, como sucedió en la película mexicana Desaparecer por completo (dir. Luis Javier Henaine, 2022).

La obra de Enrique Metinides está plagada de historias de dolor que, inevitablemente, muestran un encuadre o perspectiva que las vuelven obras de arte. Otro de los casos más evidentes es el de un hombre que está a punto de saltar al vacío. Las vigas enmarcan la escena para dar un toque minimalista y de equilibrio. Si se observa esta imagen fuera de contexto, podría pensarse que se trata de un trabajador de la construcción, por ejemplo, y la composición es bella. Pero si, además, se lee la noticia, el impacto es exponencial, pues se trata de una persona contemplando el suicidio y, por supuesto, un fotógrafo que está presenciando el momento. Los instantes de silencio previos a la tragedia. El ojo de Metinides estaba entrenado para obtener un encuadre estético aun frente a escenarios tan impactantes, además de hacerlo a gran velocidad, en momentos convulsos, de afluencia de curiosos y servicios de emergencia que, por supuesto, no daban pie a situarse con calma para encontrar la mejor toma, sino que debía hacerlo incluso en movimiento.

Además de su extensa obra pictórica, es poco conocido que Enrique Metinides creó un sistema de claves que se sigue utilizando actualmente en la Cruz Roja Mexicana. El fotoperiodista no quería que los familiares se llenaran de dolor o de miedo al escuchar el estado de su paciente, así que propuso una serie de claves para referirse a la gente accidentada, a la prensa, a los policías, etcétera. Asimismo, pasó tanto tiempo cerca de los cuerpos de emergencia que él mismo tomó el curso de paramédico que imparte la organización, y tenía su propia bata para entrar a la sala de emergencias. Cuando había catástrofes en las que aún había personas que ayudar, él mismo las auxiliaba antes de tomar fotografías.

Uno de los casos más impactantes fue en la explosión de dos pipas de gas. Más de cien personas había al rededor, muchas de las cuales ya estaban desmayándose en los alrededores por la fuga del hidrocarburo, y Metinides se encontraba en un techo cercano. De pronto, sucedió la explosión. Intentó salir de entre los escombros y observó a un hombre cubierto completamente en llamas. Muchas personas con la ropa pegada a la piel y otras más ya desnudas. Rescató una decena de niños que logró subir a una ambulancia. Metinides cuenta que ese día lloró toda la noche y se cuestionó seriamente dejar su trabajo. Había sido demasiado dolor, demasiada muerte. Niños involucrados. Y su propia vida en riesgo. Sin embargo, siguió contando historias.

Luego de vivir de primera mano tantas tragedias como parte de su trabajo diario, no es extraño preguntarse sobre su salud emocional. A pesar de que el propio Metinides dijera que estaba acostumbrado, hay rasgos que dan cuenta de una profunda sensibilidad. En las entrevistas realizadas tanto para Vice como para el documental de Ziff, en la propia casa del fotógrafo, Metinides muestra a las cámaras uno de los lugares de mayor intimidad y significado para él: un cuarto destinado a su colección de juguetes. En algún momento de su vida comenzó a comprar coches de los servicios de emergencias: patrullas, ambulancias y camiones de bombero de todo tipo debido al significado que tenían para él, pues en ellos se trasladaba a las zonas de los accidentes, hasta que se dio cuenta que estaba juntando una nutrida colección, así como había hecho con sus fotografías cuando era niño. Este rasgo bien podría reflejar una inocencia latente que debía estar refugiada frente a tanta muerte. Otro punto fundamental de su sensibilidad frente a la tragedia es que evitaba retratar a las infancias.

El estar detrás de la lente o llegar en los instantes posteriores a la tragedia lo no eximia de estar él mismo en riesgo. Metinides narraba que fueron 19 veces las que estuvo cerca de morir:
“Sufrí un infarto, me han atropellado dos veces, en igual número de ocasiones me caí en un barranco, me han tocado derrumbes, me perdí tres días en el Popocatépetl” (Aristegui).
Cuando era niño, Enrique sufrió un evento traumático. Un grupo de niños lo colgó de cabeza hasta que lo rescataron. Los efectos de aquel suceso lo dejaron marcado, y a partir de entonces, nunca subió a un avión o a un helicóptero. Por tal motivo, no asistió a ninguna de las exposiciones de su obra en Europa o Estados Unidos. Cabe señalar que a pesar de que se le reconoció como artista fuera de México, en México realmente fue poca la visibilidad que obtuvo. Una de las exposiciones más significativas fue en el hoy extinto Fotomuseo Cuatro Caminos (2015), en una muestra con sus fotografías más relevantes, al mismo tiempo que se mostraba el trabajo de Joel-Peter Witkin, controversial por emplear partes de cadáveres para sus fotografías. Una lectura potente que, hasta el día de hoy, recordamos con nostalgia quienes tuvimos la suerte de presenciarla.
En 2022 se estrenó la película mexicana Desaparecer por completo, del director Luis Javier Henaine, que cuenta la historia de un fotógrafo de nota roja que es víctima de una maldición en uno de los casos que le toca documentar. Derivado de este suceso, comienza a perder uno por uno sus sentidos, lo cual es representado de manera muy acertada a través del lenguaje cinematográfico. Esta película no está basada directamente en la vida de Metinides, pero hace guiños directos a su trabajo, al grado de haber recreado un par de sus fotografías más famosas con mucha precisión.


En 2026 se estrenó otra película mexicana que se basa de manera más directa en la figura de Enrique Metinides: Ciudad de muertos, dirigida por José Manuel Cravioto y coescrita con uno de los principales representantes del género negro en nuestro país: Bernardo Esquinca. En el filme, “el protagonista, también llamado Enrique (un Jero Medina de mirada firme y gestos serios), es un fotoperiodista que captura imágenes de tragedias cotidianas y las vende a periódicos. Un hombre introvertido que vive absorto en su profesión y que apenas tiene amistades, solo un par de colegas y una enigmática adolescente (Alisson Santiago) que muestra un inusual interés por su trabajo. Y no pasa mucho tiempo antes de que Enrique comience a creer que sus fotografías esconden la clave para resolver crímenes del pasado, o que son la llave para entrar a los terrenos de la locura personal” (Herrera, Revista Fósforo, 2026). El estreno en cines comerciales de México está previsto para octubre y noviembre de 2026.




Siempre de traje y con el tic de estarse ajustando la corbata, Metinides se mostró disciplinado, obsesionado por los sucesos de la ciudad y sencillo hasta el fin de su vida. El “niño” fue consciente de que sus fotografías causaban asombro y que eran reconocidas como obras de arte por su composición, aunque su modestia no le permitiera reconocerse a sí mismo como artista ni como periodista. Y sin embargo lo era. Tanto así que su vida y su trabajo nos siguen causando admiración y ha dejado muy alta la vara para aquellos que se dedican al fotorreportaje, mostrando que en uno de los oficios más peligrosos y difíciles desde la técnica y lo imprevisible de los hechos, logró hacer arte con una ética inquebrantable.

Fuentes
- Aristegui Noticias. (12 de mayo, 2022). “Tengo fotos donde parece que se manifiesta el diablo”: Enrique Metinides (In memoriam). https://aristeguinoticias.com/1205/libros/tengo-fotos-donde-parece-que-se-manifiesta-el-diablo-enrique-metinides-in-memoriam/
- González-Aguirre, César. Por ver no se cobra: Enrique Metinides. Revista de la Universidad de México. UNAM. https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/26eb5aa7-17c4-4f81-a80b-ff32a4e8ddfc/por-ver-no-se-cobra-enrique-metinides
- Herrera Arévalo, Alejandro. (14 de abril, 2026). Ciudad de muertos, los testigos de la muerte. Revista Fósforo. UNAM. https://revistafosforo.filmoteca.unam.mx/news/ciudad-de-muertos-los-testigos-de-la-muerte/
- Jiménez Luna, Marcela. (9 de noviembre, 2022). Enrique Metinides: la belleza del horror. Gaceta del pensamiento. https://gacetadelpensamiento.com/design/enrique-metinides-la-belleza-del-horror/
- La tinta. (2026). Metiches, mirones, curiosos y chismosos. https://latinta.com.ar/2016/09/12/metiches-mirones-curiosos-y-chismosos/
- Mendoza, Christian. (13 de mayo, 2022). La ciudad de Enrique Metinides. Arquine. https://arquine.com/la-ciudad-de-enrique-metinides/
- Nájar, Alberto. (3 de marzo, 2016). Enrique Metinides, el fotógrafo de las tragedias de México. BBC. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/03/160224_mexico_enrique_metinides_fotografo_desastres_cultura_an
- Vice. (26 de octubre, 2011). Enrique Metinides I Art Talk I Vice . YouTube. https://youtu.be/nEStbR03vDs?si=z4ZPz1FbLu1iavp7





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