
La triple ofensa a las momias de guanajuato
Además del estado de momificación, las muecas de sufrimiento de aquellas que habían sido sepultadas con vida, o el rigor mortis y la propia apariencia natural del cuerpo inerte, estas personas fueron objeto de leyendas y atribuciones macabras que acrecentaron el interés morboso por observar sus restos.
La mera idea de entrar a un espacio oscuro, frío, hecho de piedra maciza, y saber que dentro aguardan cadáveres reales de personas, quienes aún portan la ropa con la que fueron enterradas, así como cabello, dientes, una capa de piel deshidratada y, además de todo, muecas de dolor, produce un profundo escalofrío.
La imagen de las Momias de Guanajuato se expuso durante muchos años como una leyenda de terror que hoy en día sigue atrayendo miles de visitantes nacionales y extranjeros, pero vale la pena reconfigurar su concepción para no considerarse más un espectáculo o un atractivo turístico de entretenimiento, sino un espacio que busque dignificar la condición humana, reconocer la muerte trágica y fomentar el interés científico y antropológico por los cuerpos áridos de esta región particular del planeta, y no una leyenda de terror que muestre a estos seres humanos como monstruos.

Al abordar el tema no podemos dejar de preguntarnos: ¿qué pasa con los derechos humanos luego del fallecimiento? ¿Quién permite la exhibición, manipulación, traslado o incluso explotación económica y bajo qué marco legal?
La práctica de exhibir restos humanos es una costumbre en distintos países y desde diferentes disciplinas del conocimiento como la medicina, la antropología, la historia, la biología, etcétera. No obstante, el caso de los cuerpos áridos de Guanajuato, México, da muestra de una serie de vejaciones de las que han sido víctimas estas personas a lo largo de los años.
La primera ofensa
La historia oficial narra la terrible epidemia de cólera que azotó varios países del mundo; entre ellos, México. El momento de mayor impacto en nuestro país sucedió en 1833. El caos, la falta de medicamentos, de sanidad, de información y de insumos provocaron la muerte de miles. La ciudad de Guanajuato no fue la excepción y, ante la emergencia, muchas personas fueron enterradas de manera apresurada. Hubo gente que incluso fue enterrada viva, en un acto de grave negligencia derivada del pánico y el desconocimiento. Al despertar y saberse sepultadas, estas personas dieron gritos de auxilio y terminaron por morir sofocadas, con los gestos de sufrimiento extremo plasmados en sus cuerpos de manera permanente debido al proceso de momificación. Así, esta primera ofensa es doble y la vivieron muchas personas durante la epidemia: la falta de servicios básicos como alcantarillado, sanitización y atención médica, aunado al entierro prematuro y el inimaginable dolor prolongado hasta los últimos estertores.

La segunda ofensa
En la década de 1860, el gobierno de Guanajuato tomó la decisión de exhumar dichos cuerpos del cementerio de Santa Paula por la falta de pago de los derechos de sepultura. No hubo consideración por la manera en que perdieron la vida, en medio de una emergencia sanitaria que dejó en crisis a muchas de las familias de la ciudad, quienes evidentemente no pudieron seguir pagando por el descanso de su familiar, si es que aún había alguien que respondiera por ellos. No conformes con este acto de humillación, al ver que los cuerpos presentaban un impactante estado de conservación debido a las condiciones particulares del clima y el suelo de Guanajuato, estos fueron objeto de interés, y muchos pobladores e incluso visitantes de otras ciudades se comenzaron a reunir para observarlos. Además del estado de momificación, las muecas de sufrimiento de aquellas que habían sido sepultadas con vida, o el rigor mortis y la propia apariencia natural del cuerpo inerte, estas personas fueron objeto de leyendas y atribuciones macabras que acrecentaron el interés morboso por observar sus restos.

La tercera ofensa
Luego de haber exhumado los cadáveres y dejarlos a la vista del público, el gobierno del estado construyó un museo y comenzó a cobrar por su exhibición, con lo cual no quedó saldada la deuda por los derechos de sepultura bajo cuyo argumento fueron exhumados, sino que, además, ingresa hoy día una fuerte cantidad de dinero cada mes gracias a la visita de turistas nacionales y extranjeros. En sus inicios, el objetivo del museo no fue establecido como de difusión histórica, antropológica, médica o científica. Sin decirlo abiertamente, se trataba de un espacio de entretenimiento para asombrarse con los cadáveres de seres humanos. La propia museografía disponía los cuerpos para causar espanto, apilados a un nivel superior al de las personas visitantes, sin vitrinas de protección, cédulas museográficas, explicaciones adecuadas ni advertencias para mantener la dignidad y el respeto en el lugar.

En un intento tal vez inocente por promover la difusión de este “atractivo turístico” y, desde la perspectiva de su tiempo, se produjeron películas como El santo contra las momias de Guanajuato (dir. Federico Curiel, 1972), una película de terror (el ejemplo paradigmático) que muestra a estos seres humanos como monstruos reanimados malignos que atacan y que deben ser derrotados. Aún sin quererlo, con este tipo de representaciones se perpetúa el prejuicio de que la apariencia puede ser sinónimo de maldad, más aún tratándose de personas que sufrieron un entierro trágico, prematuro, indigno, y que sufrieron una exhumación injusta por argumentos meramente administrativos.

La idiosincrasia y la identidad de una comunidad se forman, en buena medida, a partir de los productos culturales y los medios masivos de entretenimiento. A este respecto, surge la importancia de tener una una defensa clara de la dignidad cuando se trata del cuerpo de personas reales. En el tema particular de las deformaciones derivadas de cualquier circunstancia (accidentes, quemaduras, amputaciones, enfermedades, muertes violentas, etcétera), es urgente terminar con el estigma de rechazo y su asociación con los villanos de las historias.

En torno a la dignificación del Museo de las Momias de Guanajuato, en 2007 hubo una remodelación significativa, en la que se empleó una museografía más solemne, vitrinas climatizadas para la preservación de los cuerpos, y una disposición más sobria de los mismos. En los años posteriores ha habido una serie de adaptaciones para emplear un discurso más digno hacia los restos. No obstante, aún hay elementos que es urgente modificar. El ejemplo más evidente se muestra en su página web: un video hecho con inteligencia artificial en donde “Remigio” se nos presenta como una de las personas que se convirtieron en momias. El personaje está caracterizado con sombrero y bigote, pero con un acento castellano que desentona históricamente (pues, además, el nombre del personaje hace referencia a Remigio Leroy, uno de los primeros cadáveres en ser exhumados, quien se trataba de un médico francés). Por si fuera poco, Remigio susurra en tono macabro los hechos que dieron pie a la momificación de los cuerpos, como si se tratara de una “leyenda” (término que emplea el propio personaje) para asustar.
En la página web también se hace referencia a los cuerpos áridos como “atractivo turístico”, es decir, no se trata de un museo de divulgación cultural o científica, sino que aún se concibe como un sitio de esparcimiento, de ocio, de diversión.
Esfuerzos por resarcir los daños

En 2023, un grupo de personas expertas del INAH se manifestó a favor del trato digno hacia los cuerpos humanos que están expuestos en este museo. Pidieron apoyo y coordinación entre las autoridades del municipio para “cruzar los datos necesarios para que, en la medida de lo posible, se devuelva la identidad a cada cuerpo, lejos de apodos peyorativos o ficticios”. Asimismo, hicieron un llamado para que el traslado de los cuerpos en exposiciones itinerantes sea respetuoso y adecuado respecto al estado actual de los restos. Aún hacen falta estudios forenses a profundidad para dictaminar la identidad de las personas e incluso buscar a sus posibles familiares.
En 2025, la Secretaría de Cultura de Guanajuato mencionó la intención de que se realice una renovación integral del guion museográfico, con el objetivo claro y evidente de dotar de dignidad y respetar los derechos humanos (la Secretaría ya lo menciona de manera directa como parte del discurso) de las personas que se exhiben, y hacerlo desde una perspectiva cultural y científica, totalmente alejada del morbo y la fascinación por lo macabro. Actualmente están en charlas con otras dependencias para que se lleve a cabo en lo inmediato.
En un país donde las desapariciones forzadas, la violencia, la discriminación, la disposición ilegal de cuerpos, etcétera, son temas dolorosamente cotidianos, este guion museográfico debería pronunciarse, desde el inicio del recorrido, con señalizaciones evidentes, enunciando el objetivo del museo como un espacio de divulgación histórica y antropológica. Por supuesto, se debe exigir a las personas visitantes que hagan un recorrido de manera solemne, en silencio, con la conciencia de que estarán frente a cuerpos humanos reales, con una historia que da cuenta de la gravedad de consecuencias cuando hay falta de información y de servicios, y que se están haciendo esfuerzos para encontrar su nombre, su familia y brindar datos certeros sobre su identidad. Confiemos en que la conciencia colectiva y los esfuerzos resulten en un espacio y un discurso respetuoso del cuerpo humano y de la historia.
Fuentes consultadas:
- Della Roca, Vivian. (2025). “Renovarán el guion del Museo de las Momias de Guanajuato; buscan enfoque más digno”. El Sol de León. https://oem.com.mx/elsoldeleon/local/guanajuato-prepara-renovacion-integral-del-museo-de-las-momias-en-2025-26904705
- INAH. (2023). “Expertos del INAH llaman a levantar la voz en defensa de las ‘momias de Guanajuato’”. https://inah.gob.mx/boletines/expertos-del-inah-llaman-a-levantar-la-voz-en-defensa-de-las-momias-de-guanajuato?utm_source=chatgpt.com
- Sitio web del Museo de las Momias de Guanajuato. https://momiasdeguanajuato.guanajuatocapital.gob.mx/





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